PARA
QUÉ SIRVEN
LAS FOTOS
A
la hora de hablar de fotografía existe un concepto que aunque
obvio, conviene no pasar por alto. La imagen obtenida por reproducción
mecánica, la fotografía, conserva tal parecido con la
realidad que tendemos a identificar una con otra. Lo que solemos llevar
entre el D.N.I. y el plástico blanquecino y rayado de la cartera
no es nuestra novia sino una fotografía de ella, y lo que tiene
tu hermana en gallumbos en su habitación no es Brad Pitt sino
un pósters del Cosmopolitan.
Aunque
en una sociedad tremendamente fetichista como la nuestra, para muchos,
poseer una fotografía de alguien es como poseer en parte a la persona
fotografiada. Para algunos individuos incluso con carácter patológico.
A
lo largo de la historia han existido diferentes tribus que se han negado a
dejarse fotografiar ante la superstición de que cada disparo le robaba
o restaba una porción de vida. Evidentemente esta superchería
queda totalmente desmontada en el momento en que políticos y personajes
del corazón sobreviven sin perecer fulminados ante tanto flashazo.
Podríamos
aplicarle a la fotografía tres planos diferentes de realidad: uno, la
realidad física de la propia fotografía por ella misma; dos,
la realidad que representa; y tres, la realidad del psicópata.
Pero, ¿para
qué sirve la fotografía? Cuando se mete una fotografía
en un marco y la colgamos en la pared, la fotografía no se transforma
nada, ni hace ni produce nada. ¿Para qué sirve entonces la fotografía?
-
Para votar en las elecciones. Ya que nadie conoce ni entiende los programas
de gobierno, a la hora de la verdad el personal se decanta por el personaje
más guapo. Circunstancia esta que explica perfectamente por que las últimas
elecciones presidenciales en Estados Unidos no las ha ganado nadie.
- Al acercarnos al kiosco a comprar una revista “seria”,
elegimos “Interviú”
antes que “Cambio 16”. Delimitación ésta
que a veces se diluye hasta límites insospechados sobre todo
en algunas revistas de fotografía; que compra uno la revista
francesa “Photo” y algunos números traen un a portada
tan “subida” que tienes que pedirle al kioskero, también,
el “Marca”, y encubrirla entre las hojas del diario cual
si de una publicación bizarra se tratase.
-
Para elegir la comida en restaurantes del extranjero. Ante la imposibilidad
de conseguir un plato de huevos fritos con patatas, que es lo que siempre terminas
añorando en el extranjero, terminas señalando cualquier foto
de cualquier plato y acaban sirviéndote algo de aspecto francamente
parecido al de la foto y probablemente con el mismo sabor. Claro que luego
llegas a Madrid y lees en la carta “Zarajo de Cuenca”, miras la
foto por encima de la barra y ves una bola de carne atravesada por una ramita,
tiene buena pinta, te lo pides y resulta que en ningún sitio, ni en
la carta, ni en la foto, ni el camarero, te ha advertido de que se trata de
intestinos fritos.
-
Otra utilidad pudo ser parta vender discos de Samantha Fox, seguro que nadie
recuerda que esta chica era cantante.
-
También sirven de gran ayuda a la hora de decidirte por una película
u otra en la cola del cine. ¿Nadie encuentra sospechoso que todos los
grandes actores, Paul Newman, Robert Redford, Harrison Ford…, figuren
a su vez entre en la lista de hombres más sexys del mundo?
-
Pero para lo que de verdad sirve la fotografía es para volvernos locos
buscándolas para rellenar matriculas, curriculums, carnet de manipulador,
de patrón de yate, etc. Me explico: que necesitas siete fotos para matricularte
en el último monográfico exótico que has visto anunciado
por ahí, bien sea de billar americano o de paracaidismo sincronizado,
dos las llevas en la cartera que te sobraron de la última vez que renovaste
el pasaporte, una de ellas se ha doblado y tiene una marca que te cruza toda
la cara pero como siempre has deseado ser un ganster…; la tercera la
arrancas del carnet de video-club, está un poco pringada del jodido
tampón morado pero servirá; la cuarta se la pides a tu novia
y la quinta se la quitas a tu madre del espejo de la cómoda, son de
hace tres y cinco años respectivamente; buscas el carnet de la biblioteca
pero, sorpresa, ha desaparecido la foto, es la que utilizaste para el carnet
del video-club; una ampliación de 15x20 de la última nochevieja
puede ser de gran ayuda, recortas solo tu cabeza, no estás totalmente
de frente, tienes espumillón por el cuello y los ojos de bolinga pero
ya solo te falta una. Sigue buscando.
Antonio
Jesús García
(Publicado en diciembre del 2000 en el nº 9 de los Cuadernos
de Fotografía Indalo Foto)