CINE DE TERROR Y FANTÁSICO
Fue
en 1895 cuando un grupo de incrédulos y despistados espectadores
se sentaban en una oscura sala ante una gran pantalla para presenciar
como, mágicamente, esa sábana se convertía en
ventana de luz y vida de la que emergía una locomotora de tren
avanzando hacia ellos, haciéndoles huir aterrados de la sala.
Podríamos
afirmar que el “Cine de Terror”, como género, vio la luz
en el mismo instante que el medio.
Resulta
del todo obvio, pero no por ello deja de ser ilustrativo, cuan equivocados
estaban los hermanos Lumiere al afirmar: “Nuestro invento no es para
venderlo. Puede ser explotado durante algún tiempo como curiosidad científica,
pero no tiene ningún interés comercial”.
Los
beneficios generados por la industria cinematográfica son de sobra conocidos,
y el cine de terror y fantástico siempre ha estado ahí, desde
el principio.
Los
clásicos, “El Gabinete del Doctor Caligri” de Robert Wiene,
y “Nosfertu, el Vampiro” (1922) de F. W. Murnau, inspirada en la
obra de Bram Stoker pero sin pasar por caja, son prueba evidente de la pujanza
de un género que se ha mantenido a lo largo del tiempo, con épocas
gloriosas o como plato principal de sub-producciones varias, desapareciendo
o volviendo a emerger de entre las tinieblas, pero siempre con un ingente de
público a su favor.
El
culto al terror, al vampiro, al gore, a las series B…con sus implicaciones
explícitas de violencia y sexualidad, ha sido manantial de inspiración
para creadores de todos los tiempos. Las inocentes victimas del Conde Drácula
se estremecen, al unísono, de terror y de placer. En especial de un
enérgico y grotesco Bela Lugosi por obra y gracia de la Universal, y
de un aristocrático y diabólico Christopher Lee por cortesía
de la Hammer.
Innumerables
son las sesiones vividas en cines de barrio de programa doble, compuestas siempre
por una de terror y una de chinos (género también por reivindicar;
que arroje la primera piedra quien no haya tenido unos “Nunchakus” hechos
con palos de fregona y un trozo de cadena).
Las
horas robadas a clase, o las noches de terrazas de verano, para encontrarte
con zombis, gozzilas y genios locos, tenían que dar sus frutos. Toda
una generación de cineastas, con Alex de la Iglesia y Santiago Segura
como máximos exponentes, reconocen haber sido amamantados con altas
dosis de “Serie B” y sentirse fascinados por el lado oscuro, ¿Por
qué esta atracción?.
El
sociólogo italiano Pareto, propone una división de las personas
en dos grandes grupos o tipos, el tipo “speculator” y el tipo “rentier”.
El “speculator” es el tipo de persona intrépida e innovadora,
su principal característica es la estar buscando siempre la posibilidad
de nuevas combinaciones. El otro término, el “rentier” es
aplicable a personas a rutinarias que siguen siempre el mismo camino, sin imaginación
y conservadoras a quien el “speculator”manipula.
Qué duda
cabe que la mayoría de los “malos” del cine son auténticos “speculator” que
nos cautivan y atraen, a la vez que sus antagonistas, al margen de al final
ligarse a la chica, son sosos y bobalicones “rentier”.
Por
citar solo dos ejemplos:
Viendo “El
Silencio de los Corderos”, uno despliega sus simpatías por Hopkins,
en espera que se decida por la elaboración de algún experimento
culinario que incluya a Jodie Foster como parte integrante del menú.
En la, con el tiempo, enternecedora saga de “Star Wars”,
si hay un personaje con presencia y atracción, no es otro que
el siniestro Darte Vather, y no el pusilánime de Luke
Skywalker, incapaz de saber si está enamorado de su hermana
Leia o de su amigo Ham Solo.
Los
científicos del cine son carismáticos y se les ve venir de lejos,
pero ¿quién es más loco, el Doctor Frankestein o el que
concibió los piensos con harina cárnicas para alimentar a las
vacas?
En
definitiva, que por unos días, vampiros, monstruos, superhéroes
y demás engendros del maligno se apoderan de la ciudad.
Que
ustedes se asusten bien.
Antonio
Jesús García
(Publicado en Abril 2001 como presentación de l ª Semana
de Cine Fantástico y de Terror de El Ejido)