AL OJO DEL SIGLO LE LLEGA EL INSTANTE DECISIVO

Es tarea arduamente complicada y dificultosa en extremo la de hablar de Henri Cartier-Bresson y no incurrir en ninguno de los muchísimos tópicos con los que el genial fotógrafo ha sido catalogado a lo largo de su ahora concluida carrera. “Padre del fotoperiodismo”, “El ojo del siglo XX”, etc. Y aunque los tópicos generalmente no dejan de ser precisamente eso, en el caso de HCB todos y cada uno de ellos no dejan de ser probablemente ciertos y corresponderse con la realidad, ayudando a definir y conocer un poco más al hombre parapetado tras su Leica.
Tampoco existe frase lapidaria o aforismo relacionado con la fotografía que no se le atribuya. Se pueden recopilar innumerables dichos o muletillas del tipo “El mejor teleobjetivo son un par de piernas”, demasiadas para pertenecerle la autoría de todas y aunque indudablemente no lo sea, lo parece.
La mirada limpia, la mirada que construye, la mirada lúcida que dijo Roland Barthes, en definitiva la mirada que enseña a ver. La obra de Cartier-Bresson al igual que la de la mayoría de los grandes fotógrafos de caracteriza por un constante y terrible humanismo. Finalizada la 2ª Guerra Mundial, en una época en la que la sociedad europea se encuentra física y moralmente destrozada, su obra busca y propone una recuperación de los valores perdidos. Una mirada optimista, un encuentro entre personas tratadas como semejantes. Imágenes medidas, correctas, amplia gama de grises, nítidas y sin desenfoques. Después llegaron los americanos.
Al igual que persiste el absurdo e inútil enfrentamiento Beatles Vs Rolling, se sitúa el fotorreportaje francés frente al americano. Vale que los Stones son más rockers pero jamás habrían surgido sin la influencia y existencia de los de Liverpool. De Frank, Klein, etc, se puede decir algo similar.
Si a Cappa se le identifica irrefutablemente con la muerte del miliciano de Cerromuriano y a Doisneau con el beso en el ayuntamiento, a HCB y su extensa obra es prácticamente imposible asociarlo a una sola imagen.
Con el tiempo su propia persona se convirtió en un símbolo y una imagen significativa puede ser la del propio Bresson ofreciendo una rueda de prensa de cara a la pared y dando la espalda a los fotógrafos congregados en la sala, o la que ofreció en Almería durante el proyecto Imagina con el brazo extendido ocultando su rostro a los flashes. Parafernalia, teatro y pantomima del hombre convertido en mito, del que siempre queda su obra.

Antonio Jesús García.

Publicado en el diario La Voz de Almería el 6-septiembre-2004

 

 

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